Informe de investigación sobre la música en tiendas
Lo que décadas de investigación revelan sobre cómo la música en tienda influye en el comportamiento de los clientes: estado de ánimo, percepción del tiempo, tempo, volumen, género y sectorización musical, con los estudios detrás de cada hallazgo.
Imagina entrar en una tienda y escuchar una música que parece pensada a medida para ese espacio, no un éxito de radio al azar, sino un ambiente sonoro cuidadosamente elegido que refuerza sutilmente el carácter de la tienda. Tu ánimo mejora y, sin darte cuenta, empiezas a ir más despacio, a mirar con más atención y a quedarte un poco más.
Esto no es casualidad. La investigación demuestra que una música ambiental bien elegida puede tener un efecto poderoso en el comportamiento de los clientes: cuánto tiempo se quedan, qué compran y cómo se sienten durante la experiencia. Décadas de estudios confirman que la música no es solo ruido de fondo: puede moldear, de forma sutil pero poderosa, cómo se sienten los clientes, cuánto tiempo permanecen y cuánto gastan. Cuando la música es original, encaja con el ambiente y está pensada específicamente para el entorno comercial, el efecto puede ser aún mayor.
En este informe repasamos los hallazgos clave sobre cómo la música en tienda influye en el comportamiento de compra, desde el estado de ánimo y la percepción del tiempo hasta los patrones de compra y las estrategias de “sectorización musical”. También compartimos consejos prácticos para que comercios de cualquier tamaño usen listas de reproducción pensadas a propósito para mejorar la experiencia del cliente y aumentar las ventas.
Ideas clave para minoristas
- La música ambiental alarga las visitas. La música ambiental adecuada (frente al silencio) mejora el estado de ánimo y puede aumentar notablemente el tiempo de permanencia. Una encuesta reveló que el 41 % de los clientes pasa más tiempo en tiendas con una música que encaja, lo que da a los comercios más ocasiones de mostrar productos y vender.
- Un tempo más lento significa más gasto. La música de ritmo lento hace que los clientes vayan más despacio: pasean con más calma, miran más tiempo y suelen hacer más compras por impulso. En un experimento clásico en supermercados, pasar de música rápida a lenta elevó las ventas casi un 38 % al permitir que los clientes pasaran más tiempo en la tienda.
- Los éxitos conocidos pueden jugar en contra. De forma contraintuitiva, las canciones de éxito muy conocidas pueden hacer que el tiempo parezca pasar más despacio, mientras que la música desconocida tiende a quedar de fondo y hace que los clientes se sientan más relajados y dispuestos a quedarse. Un estudio de campo descubrió que la música desconocida mantenía a los clientes explorando más tiempo, con hasta un 9 % más de ventas frente a las tiendas que ponían canciones populares y muy conocidas.
- Ajusta la música a la marca y al cliente. El género y el estilo de la música deben encajar con la imagen de tu tienda y tu público objetivo. Los estudios muestran que las ventas mejoran cuando la música es coherente con los productos: la música clásica en una tienda de vinos llevó a los clientes a comprar vinos más caros que cuando sonaba pop de éxito.
- El volumen importa. Un volumen moderado suele ser lo ideal para crear ambiente. La música muy alta puede animar a los clientes en una tienda de mucha energía, pero en otros entornos suele acortar la visita. Los clientes nunca deberían tener que gritar para hacerse oír por encima de la música.
- La “sectorización musical” aumenta las ventas. Una única banda sonora para todo el local ya no es suficiente. Los comercios más avanzados usan la sectorización musical, ajustando las listas de reproducción a cada zona o franja horaria, para atender a distintos grupos de clientes a la vez.
Por qué importa la música en tienda
La música define la personalidad y el ambiente de un espacio. Bien elegida, relaja a los clientes, influye en sus emociones y los anima a quedarse más tiempo. Las tiendas que ponen música registran más tráfico, más tiempo de permanencia y más satisfacción que las que están en silencio. El silencio puede resultar incómodo o frío, mientras que una música bien elegida mejora el ambiente y puede guiar sutilmente el comportamiento del cliente.
Tener una música ambiental agradable tiende a poner a los clientes de mejor humor, lo que los hace más felices y más propensos a volver a la tienda. La música no solo llena el silencio: crea una conexión emocional. Cuando encaja con tu marca y con los gustos de tus clientes, hace que se sientan “como en casa” y los vincula, de forma casi inconsciente, con tu tienda. Una boutique de moda con mucho ambiente puede usar temas animados y enérgicos para transmitir diversión, mientras que una tienda de decoración con estilo puede optar por indie suave o jazz para transmitir calidez y sofisticación. Muchas veces los clientes no son conscientes de la música de fondo, pero esta puede afectar de forma subliminal a su estado de ánimo y su comportamiento. Una música agradable y coherente con la marca los mantiene cómodos e implicados, y en ese estado positivo tienden a mirar más tiempo y a gastar más.
Por el contrario, una música que no encaja (rock duro en una tienda de alta gama, por ejemplo) o que suena demasiado alta o rápida puede irritar a los clientes y hacer que se apresuren o se marchen antes. En definitiva: la música adecuada hace que los clientes se sientan bien en tu tienda, y ese es el primer paso para conseguir que se queden y compren.

Canciones familiares frente a desconocidas: efectos sorprendentes en la percepción del tiempo y en las ventas
En principio, podría pensarse que poner las canciones favoritas de todo el mundo atraería más a los clientes. Sin embargo, la investigación ha descubierto un efecto contraintuitivo: la música familiar puede hacer que el tiempo parezca pasar más despacio para los clientes, mientras que las canciones desconocidas tienden a quedar de fondo y evitan que el cliente esté pendiente del reloj.
En un experimento de campo, se expuso a los clientes a canciones pop muy conocidas o a música más desconocida mientras compraban. Los resultados fueron llamativos: quienes escucharon canciones familiares creían haber pasado más tiempo en la tienda del que realmente habían pasado, y muchos acortaron su visita (en torno a un 8 % de media) frente a quienes escucharon canciones desconocidas. En cambio, quienes escucharon música de fondo desconocida apenas le prestaron atención y percibieron que el tiempo pasaba más rápido, lo que hizo que, sin darse cuenta, se quedaran más tiempo en la tienda.
Los investigadores explican que una canción favorita puede captar la atención del cliente: cuando alguien tararea mentalmente una canción que conoce bien, parte de su atención se desvía hacia la canción, lo que le hace más consciente del paso del tiempo y menos absorto en la compra. Esta pequeña distracción, o el aumento de la activación, puede hacer que la espera para probarse ropa o el tiempo dedicado a mirar productos se perciba más largo de lo que realmente es. Como resultado, los clientes pueden acelerar su compra o decidir marcharse antes de lo que lo habrían hecho si la música se hubiera limitado a formar parte del ambiente.

Los clientes se quedaron más tiempo y gastaron más cuando sonaba música desconocida, con un aumento observado de en torno al 9 % en las ventas frente a cuando sonaban canciones populares y conocidas. La música desconocida tiende a quedar de fondo, lo que mantiene a los clientes en la tienda más tiempo sin que se sientan impacientes.
El tempo: marca el ritmo de la compra
Uno de los aspectos más estudiados de la música en tienda es el tempo, es decir, lo rápida o lenta que es la música. El tempo musical tiene un impacto directo en el ritmo de la compra. La investigación clásica del profesor de marketing Ronald Milliman demostró que, en un supermercado, la música de tempo rápido aceleraba el paso de los clientes, mientras que la de tempo lento hacía que fueran más despacio y se quedaran más tiempo. Con música animada y rápida, la gente recorría los pasillos con rapidez y miraba menos los productos, lo que se traducía en menos compras no planificadas. Con música más lenta y relajada ocurría lo contrario: los clientes, sin darse cuenta, reducían el ritmo, recorrían los pasillos con calma y dedicaban más tiempo a examinar los artículos, lo que se traducía en más ventas.
En el experimento de Milliman en el supermercado, el simple hecho de pasar de música rápida a música lenta provocó un aumento significativo de las ventas: los clientes compraron más cuando la música era más lenta. De hecho, los ingresos por ventas subieron casi un 38 % los días con música lenta frente a los días con música rápida. La interpretación fue que la música lenta anima a los clientes a tomarse su tiempo, dándoles más oportunidades de añadir artículos extra. La música rápida, en cambio, transmitía una sensación de urgencia que hacía que la gente entrara y saliera rápido, algo práctico quizá, pero que no favorece ni la exploración ni las compras por impulso.

Un estudio de campo en un supermercado descubrió que la música lenta de fondo hacía que los clientes pasaran significativamente más tiempo en la tienda y generaba un mayor volumen de ventas, en torno a un 38 % más que cuando sonaba música de ritmo rápido. La música lenta relaja a los clientes y favorece que exploren con calma, lo que se traduce en más artículos comprados.
La conclusión para los comercios es elegir el tempo según el comportamiento de compra que se busca. Si tienes una tienda donde interesa que los clientes exploren (una boutique de ropa, una librería o un supermercado, por ejemplo), un tempo más lento puede animarlos, de forma sutil, a ir más despacio, quedarse más tiempo y descubrir más productos. En cambio, si el objetivo es una rotación rápida (un local de comida rápida o la hora punta de la mañana en una cafetería), un tempo animado puede empujar a la gente a ir más rápido. La mayoría de los entornos comerciales se benefician de un tempo moderadamente lento que favorezca la exploración. La música rápida no hace necesariamente que la gente compre más; a menudo ocurre lo contrario, al limitar el tiempo de exploración. Y, por lo general, los clientes no son conscientes del efecto de la música en su ritmo de compra: atribuirán su paso más lento o más rápido a su propia preferencia o urgencia, no al ritmo de fondo.
El volumen: encuentra el punto justo
Además del tempo, el volumen es otro factor decisivo en la música ambiental. Lo alta que suena la música ayuda a marcar el ánimo y el nivel de energía, pero también afecta directamente a la comodidad del cliente y a cuánto tiempo tolerará quedarse en la tienda. Encontrar el volumen adecuado es un equilibrio delicado: si es demasiado bajo, la tienda parece apagada; si es demasiado alto, los clientes pueden sentirse abrumados o apurados.
Los estudios indican que una música muy alta puede generar entusiasmo en entornos comerciales de mucha energía, como una tienda de moda concurrida dirigida a un público joven, pero si el volumen no encaja con el contexto, puede acortar el tiempo que los clientes pasan en la tienda. Un estudio ya clásico descubrió que los clientes pasaban menos tiempo en un supermercado cuando sonaba música alta que cuando sonaba música suave. La música alta y rápida puede elevar el nivel de activación, lo cual puede ser útil para transmitir un ambiente animado, pero a menudo hace que la gente sienta que el tiempo se alarga o que el entorno es caótico, sobre todo si no les gusta la música. Por otro lado, una música demasiado suave, o largos silencios, puede hacer que un espacio se sienta incómodo o excesivamente silencioso, reduciendo la energía.

La investigación sugiere que la música alta puede acortar el tiempo de permanencia de los clientes. En un estudio, los clientes se quedaron más tiempo con música ambiental suave, pero pasaron menos tiempo en la tienda cuando la música era muy alta. La música alta puede crear energía, pero, si se abusa de ella, puede hacer que algunos clientes se marchen antes.
El objetivo es un volumen moderado que cree un ambiente agradable y una sensación de intimidad, de modo que los clientes no se sientan cohibidos por si los oyen, pero que no dificulte la conversación. Los clientes nunca deberían tener que gritar para hacer una pregunta o hablar con un acompañante. El volumen ideal también puede depender del tipo de tienda y de la hora del día: una tienda de moda de tendencia un sábado al mediodía puede permitirse un volumen más alto y temas más enérgicos para crear ese ambiente animado que atrae al público joven, mientras que una tienda de decoración o un spa deberían mantener el volumen bajo para invitar a pasear con calma. Como norma general, si los clientes empiezan a alzar la voz para comunicarse, la música está demasiado alta.
Género y estilo musical: ajusta la música a tu marca
No toda la música afecta igual a los clientes: lo que suena en tu tienda importa de verdad. El género, el estilo e incluso la familiaridad cultural de la música deben encajar con tu público objetivo y con los productos que vendes. La investigación muestra que una música coherente con la imagen de la tienda o con sus productos puede aumentar las ventas al crear una experiencia de compra más inmersiva. La música adecuada actúa como una extensión de la personalidad de tu marca, reforzando ante los clientes lo que representa tu tienda. Poner el género “equivocado”, en cambio, puede generar una disonancia incómoda (imagina heavy metal en una tienda de ropa de bebé) y alejar a los clientes.
Un conocido experimento de campo en una tienda de vinos ilustró de forma clara el efecto del género. Algunos días la tienda ponía música clásica, y otros, pop contemporáneo de éxito. El número de botellas que compraban los clientes se mantuvo bastante estable, pero sus elecciones cambiaron. Cuando sonaba música clásica, los clientes elegían, de media, vinos más caros, mientras que los días con música pop optaban por botellas más baratas. La música clásica creaba un ambiente elegante y sofisticado, animando de forma inconsciente a los clientes a darse el capricho de una añada mejor, mientras que el pop más informal no transmitía esa sensación de lujo. En esencia, la música de fondo “enmarcaba” el producto de una determinada manera: la clásica hacía que la tienda pareciera de gama alta, lo que impulsaba compras más caras. Este efecto se notó más en qué compraban que en cuánto compraban: la música clásica no aumentó necesariamente el número total de botellas vendidas, pero sí los ingresos, al dirigir a los clientes hacia artículos de mayor precio.

Un estudio en una tienda de vinos descubrió que poner música clásica hacía que los clientes compraran vinos más caros que cuando sonaba pop de éxito. La sensación elegante de la música clásica hacía que los clientes se inclinaran, de forma inconsciente, a darse el capricho de una botella de gama alta.
En otros casos, los investigadores han demostrado que una música con un vínculo temático con los productos puede influir en las decisiones de compra. En un expositor de vinos de distintos países, la música de acordeón francés de fondo llevó a vender más vino francés, mientras que en otro día la música folk alemana llevó a vender más vino alemán. Los clientes no eran conscientes de esa influencia (al preguntarles, la mayoría negaba que la música les afectara, e incluso muchos no recordaban qué música sonaba), y sin embargo los datos de ventas contaban otra historia: la gente se inclinaba hacia la nacionalidad de vino que coincidía con las señales musicales del entorno.
Esto pone de manifiesto lo sutil y poderosa que puede ser la coherencia entre la música y el producto. Si vendes productos gourmet italianos, algo de música clásica italiana o canciones italianas contemporáneas puede favorecer el ambiente adecuado. Una tienda de material deportivo para exteriores puede apoyarse en rock animado o folk indie que evoque aventura. Conoce a tu público objetivo y el ambiente que quieres transmitir, y elige el género en consecuencia. Cuando la música encaja, los clientes se sienten más cómodos e implicados, y la investigación sugiere que eso se traduce en un mejor rendimiento de ventas.
Conviene también tener cuidado con la música que pueda molestar a los clientes: las canciones con letras explícitas, los estilos muy agresivos o los géneros que desentonan claramente con el entorno son, en general, arriesgados. A menos que tu marca lo requiera específicamente, es aconsejable evitar contenido que pueda ofender o molestar. El objetivo es una música que la mayoría de tus clientes encuentre, como mínimo, agradable o neutra. Neutra no significa aburrida: significa que no choca con las expectativas. Se trata de que la música mejore el ánimo y complemente la experiencia de compra, no de que acapare el protagonismo.
“Sectorización musical”: adaptar el sonido a cada zona de la tienda
Los comercios con distintos segmentos de clientes o departamentos han descubierto el poder de la “sectorización musical”. Consiste en dividir la tienda en zonas, o usar distintas listas de reproducción según la hora, y adaptar la música de cada zona al público o al área de producto correspondiente. Un enfoque único para toda la música de la tienda ha quedado obsoleto: a menudo, lo que funciona en una sección no encaja en otra. Al ajustar la música a los datos demográficos de cada departamento, los comercios pueden mejorar la experiencia y las ventas en cada zona a la vez.
La investigación de Yalch y Spangenberg respalda este enfoque. En un experimento de campo en unos grandes almacenes, pusieron distintos estilos de música ambiental en departamentos dirigidos a diferentes grupos de edad, creando en la práctica “zonas” musicales, y observaron los resultados. Los datos fueron reveladores: los departamentos donde la música coincidía con las preferencias del público objetivo registraron más clientes que realizaban compras y un mayor gasto, en comparación con el uso de una única banda sonora para toda la tienda.
El estudio también descubrió que las preferencias musicales y sus efectos variaban notablemente según la edad, pero no tanto según el género. Los clientes de entre 25 y 49 años tendían a comprar durante más tiempo cuando sonaba música contemporánea “en primer plano”, mientras que los clientes de 50 años en adelante pasaban más tiempo, e incluso gastaban más, cuando sonaba una música más suave “de fondo”. En una tienda de ropa con una sección juvenil y otra para un público mayor, por ejemplo, la zona joven podría tener éxitos actuales y animados, mientras que la zona de más edad podría poner clásicos nostálgicos o instrumentales suaves. Cada grupo se siente más “como en casa” con su propia banda sonora, lo que puede aumentar su tiempo de exploración y su satisfacción.

Un experimento de campo sobre “sectorización musical” descubrió que los clientes de entre 25 y 49 años pasaban más tiempo y compraban más con música enérgica y en primer plano, mientras que los de 50 años en adelante pasaban más tiempo y gastaban más con música suave de fondo. Cada grupo de edad se quedaba más tiempo cuando la música coincidía con su preferencia.
Es importante señalar que estos efectos se mantuvieron constantes tanto si la compra se hacía entre semana como en fin de semana, o sola o acompañada: lo decisivo fue la coincidencia entre la música y el perfil del cliente. Incluso los comercios pequeños pueden aplicar este principio ajustando las listas de reproducción según la franja horaria, poniendo música más juvenil por la tarde-noche, cuando suele haber más clientes jóvenes, y melodías más suaves por la mañana, cuando puede haber más clientes de mayor edad. La clave está en adaptar el ambiente sonoro al público de cada momento. En la práctica, esto implica revisar la distribución de la tienda y el perfil de los clientes, y valorar si una sola lista de reproducción es realmente la mejor opción para todas las zonas. Muchas tiendas atienden a públicos diversos o tienen secciones muy distintas, moda de hombre frente a moda de mujer, o una cafetería dentro de una librería, y usar una música específica en cada una puede mejorar cada espacio.
En resumen: buenas prácticas para la música en tienda
- Cura la selección según tu marca y tu público. Trata la lista de reproducción como parte de tu identidad de marca. Elige géneros y canciones que conecten con tus clientes objetivo y con el ambiente de tu tienda. Si tienes grupos de clientes o departamentos distintos, personaliza la música por zona para maximizar la comodidad y la implicación de cada grupo.
- Cuida el tempo. Usa música de tempo más lento durante la mayor parte del horario comercial para fomentar la exploración. Reserva los ritmos más rápidos para cuando de verdad interese acelerar las cosas, el cierre o una hora punta de mucho tráfico en la que las decisiones rápidas están bien.
- Fija niveles de volumen cómodos. Busca un volumen moderado que cree ambiente sin impedir la conversación. Prueba el volumen en distintos puntos de la tienda. Ajusta el volumen a la energía del local: los entornos animados pueden permitirse un punto más alto, mientras que los espacios elegantes o íntimos piden un sonido más suave.
- Ten cuidado con poner solo grandes éxitos. No pongas solo grandes éxitos en bucle: demasiadas canciones muy reconocibles pueden distraer a los clientes y hacerles más conscientes del paso del tiempo. Combina tu lista con canciones agradables pero menos conocidas, o con versiones instrumentales.
- Mantén las listas de reproducción actualizadas. Renueva tus listas con regularidad para que la música no resulte repetitiva para los clientes habituales, ni para tu equipo. Muchos comercios de éxito renuevan su selección musical cada semana o cada mes, y la ajustan según la temporada.
- Observa y experimenta. Trata tu estrategia musical como un experimento continuo. Considera hacer pruebas A/B: pon una lista de reproducción algunos días y otra distinta otros días, y compara métricas como el ticket medio, la tasa de conversión o el tiempo de permanencia. Pregunta al personal de tienda qué observa, e incluso pregunta a los clientes qué opinan.
- Cuida también el cumplimiento normativo. Asegúrate de usar una fuente de música legal y de mantener una buena calidad de audio. Unos altavoces de mala calidad o un streaming con cortes pueden estropear la experiencia tanto como una lista de reproducción poco acertada.
Si se aprovecha con criterio, la música en tienda puede crear un ambiente más atractivo y agradable que anime, de forma sutil, a los clientes a quedarse más tiempo, sentirse mejor y gastar más. La evidencia está ahí: desde el estado de ánimo hasta el ritmo de compra y las decisiones de compra, la música adecuada tiene un impacto real en el comportamiento del cliente. La música es una herramienta flexible y relativamente económica, que puedes controlar y adaptar según convenga, capaz de convertir la lista de reproducción de tu tienda en un activo estratégico: uno que encaje con tu marca, agrade a tus clientes y, en última instancia, mejore tus resultados.
Cómo aplica Melodial esta investigación
Melodial ofrece a los comercios un catálogo con licencia completa y acorde a la marca, sin cuotas adicionales de SGAE o AGEDI-AIE para el catálogo de Melodial, así que la música y la licencia van incluidas en una sola suscripción. Todas las canciones son limpias, sin letras explícitas, y las listas de reproducción están pensadas para espacios comerciales y no para las listas de éxitos: exactamente el sonido desconocido y acorde con la marca que favorece la investigación.
Una sola tienda funciona con Melodial Basic (una emisión, desde 6,99 €/mes o 69,99 €/año). Las tiendas con varias zonas y las cadenas usan Melodial Plus a 13,99 €/mes por emisión, de modo que cada zona, o franja horaria, tiene su propia emisión programada, lo que hace que la sectorización musical sea viable desde un único panel. Melodial Curated y Melodial Custom van más allá, con un sonido de marca a medida o totalmente original. El precio varía según la región; el certificado de cumplimiento está incluido en todos los planes.
Referencias
- Yalch, R.F. y Spangenberg, E.R. (1993). Using Store Music for Retail Zoning: A Field Experiment. Advances in Consumer Research, 20, 632-636.
- Yalch, R.F. y Spangenberg, E.R. (2000). The Effects of Music in a Retail Setting on Real and Perceived Shopping Times. Journal of Business Research.
- Milliman, R.E. (1982). Using Background Music to Affect the Behavior of Supermarket Shoppers. Journal of Marketing, 46(3), 86-91.
- Areni, C.S. y Kim, D. (1993). The Influence of Background Music on Shopping Behavior: Classical versus Top-Forty Music in a Wine Store. Advances in Consumer Research, 20, 336-340.
- Shopify (2023). Music in Retail Stores: How to Select Music for Your Business.
- RetailNext (2025). Music Matters: How In-Store Music Shapes Shopper Behavior.
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